El aburrimiento es mal compañero en cualquier clase donde la concentración y la atención sean fundamentales. Un buen instructor de Pilates tiene como objetivo fundamental preparar al alumno para que sea capaz de afrontar su día a día con buena postura evitando y aliviando molestias y dolor. 

Para que el alumno sea capaz de adoptar estas buenas posturas en su vida cotidiana, es necesario que aprenda a alinear bien sus articulaciones y que repita esta buena alineación en multitud de posiciones durante la clase, bajo la supervisión de un buen instructor para que, después, sea capaz de ejecutar este patrón en casa, en la calle o en su trabajo.

Claves del buen instructor de Pilates

Caso práctico

Hace unas semanas realizábamos una práctica donde los alumnos del curso de Instructor de Método Pilates para Embarazadas se colocaban en parejas para impartirse clase de entrenamiento personal. Una de las alumnas que estaba haciendo el roll de instructora comentó:

“La sesión que me imparte mi compañera provoca que me evada fácilmente de sus indicaciones

Los alumnos de la formación practican en parejas

Solución

Ante semejante situación decidí parar la práctica de toda la clase y analizar la acción de esta persona. Tanto la alumna con el roll de profesor (vamos a llamarla Pilar)  como la compañera que estaba haciendo de alumna (la llamaremos Lola) se mostraban abiertas a sugerencias y críticas constructivas.

Mostraron un nivel de humildad, compañerismo y respeto por la profesión que les permitió aceptar el análisis y trabajar para adoptar nuevas conductas que mejoraran sus clases. Y su situación ofreció a toda la clase una buena cantidad de nuevos conocimientos que aplicar en su vida profesional.

Análisis

En primer lugar, Lola indicó cómo se sentía en la clase que Pilar le estaba impartiendo:

Es una clase aburrida. – Afirmó – Ella me pide que me coloque de cierta forma pero cuando intento hacer lo que me pide no sé si lo he hecho bien o no, porque tampoco me ha dicho cómo debo conseguir colocarme como ella quiere. Entonces ya me pide que haga otra cosa. Otras veces, simplemente, me pide que haga algo pero antes que yo lo intente me coloca ella o me mueve ella, así que, sin querer, he terminado por abandonarme a que ella sea quien me coloque o me mueva y me he puesto a pensar en otra cosa. Al cabo del rato me he aburrido.”

El instructor debe atender a las necesidades de cada alumno

La concentración, tu arma más valiosa

Aprender a ubicar las articulaciones correctamente no es sencillo. Se trata  de reeducar las posturas que el organismo ha sostenido durante muchos años y que han terminado por generar graves lesiones. Por todo esto, aprender a alinearse correctamente requiere mucha concentración. Si el alumno se aburre, no está concentrado, y por tanto, no conseguimos el objetivo de la sesión:

  • Aprenda a alinearse en su día a día.
  • Utilice la musculatura correctamente, de forma inconsciente.

¿Por qué es necesario aumentar la concentración en los alumnos?

Era necesario solucionar esta situación durante la sesión práctica. Pilar debía mejorar su praxis o sus alumnos:

  • Podrían lesionarse.
  • No conseguirían mejorar:
    • La postura.
    • El estrés.
    • El equilibrio muscular.
  • Podrían abandonar las sesiones generando:
    • Un problema económico a Pilar.
    • Comentarios negativo hacia ella y en general, hacia todos los instructores de Pilates.
    • Definiendo a nivel público el Método de incompetente además de aburrido.

Cómo aumentar la concentración del alumno

Durante la clase de Pilar a Lola, observé que Pilar realizaba varias acciones que podían desencadenar en una falta de concentración por parte de su alumna. A continuación comentaré y corregiré las faltas detectadas durante la impartición de la sesión:

1. El volumen de voz monótono

Al igual que en el teatro, en el cine o en una clase teórica, al igual que en cualquier situación donde se pretenda mantener la atención del oyente, es imprescindible jugar con el volumen de voz. Y no solo con el volumen, sino también es preciso:

  • Utilizar distintas formas de expresarse (más culta o más coloquial).
  • Usar alguna muletilla aplicada conscientemente en casos especiales.

Ejemplo: Un susurro llama más la atención que alzar la voz

El alumno está ejecutando un ejercicio muy dinámico y la voz del instructor le ha animado con su volumen a seguir con un alto nivel de intensidad. Si a continuación debe ejecutar un ejercicio aún más exigente y el instructor eleva el volumen de voz de nuevo, quizás agote al alumno.

Porque el alumno, debido a la intensidad de voz del instructor, querrá seguir al ritmo del ejercicio anterior. Debido al cansancio, contraerá la musculatura y ejecutará el movimiento de cualquier forma dando prioridad al movimiento sin atender a la cantidad de fuerza que aplica ni dónde la aplica.

Bajar al susurro en la siguiente asistencia verbal es lo suficientemente drástico para:

  • Llamar la atención del alumno.
  • Permitir que la combinación de varios ejercicios duros no terminen en una contracción total de todo el organismo.

El susurro acompañará la sensación de relajación muscular y contracción muscular justa, ni más ni menos que la necesaria para realizar el movimiento con buena alineación.

2. Distintas formas de expresión

Es obvio que un instructor debe adaptarse al nivel socio-cultural de su alumno. Así creará un clima confortable en la sesión de Pilates que permita al alumnado atender al entrenamiento.

El alumno puede perder la concentración ante un instructor que no “sabe estar” o no se hace comprender debido a su lenguaje especialmente técnico, culto o llano.

No obstante, que algunas de nuestras expresiones salgan de la tónica normal de la clase:

  • Llama la atención.
  • Permite al alumno centrarse en lo que se quiere enfatizar.

Recuerdo con cariño a mi entrenadora en Roma premiándome con un “¡Brava!” cuando ejecutaba alguna posición correctamente. O cómo sonreía una de mis alumnas en un estudio de Nueva York cuando le indicaba en inglés británico alguna posición especialmente delicada que yo quería que encontrara en el movimiento.

3. Las muletillas

Son un horror. Hacen que el alumno esté más atento a ellas que a tus indicaciones. Sin embargo, utilizadas conscientemente pueden ayudar a que el alumno ejecute un movimiento en particular en un momento en concreto.

Si siempre que ejecuta Roll Up el instructor dice algo así como “ahueca el ombligo”, es una expresión tan extraña (pero que todo pilatero medio entenderá) que, repetida siempre en el mismo momento que realice este ejercicio durante varios días dará lugar a que el alumno ejecute el movimiento incluso antes que lo digas.

4. Utiliza siempre las mismas frases sin importar si la alumna las comprende o no

Es decir, cuando un instructor pide al alumno que ejecute algún movimiento o postura siempre lo expresa con las mismas frases. No variaba la estructura de las oraciones.

Por ejemplo, decir siempre “baja los hombros” pero no intentar buscar otras fórmulas verbales si Lola no bajaba los hombros como “aleja los hombros de las orejas”. De esa forma, o entendías lo que ella decía, o se quedaba sin hacer lo que pedía.

5. La instructora canta

Cuando un instructor imparte seis u ocho horas de clases al día, es posible que repita las mismas frases muchas veces.

Frases como “cierra costillas, ahueca el abdomen, contrae el suelo pélvico”. A veces las repiten tanto que algunos instructores las dicen de carrerilla, como un mantra. Incluso algunos acompañan las frases con una cadencia, con una musiquilla como si estuvieran recordando la tabla de multiplicar. Como si cantaran. Esa musiquilla y esas frases repetidas dan lugar a que el alumnado se evada y no atiendan a los conceptos que contiene esa canción

6. No personalizar según las necesidades de la alumna

Es decir, el instructor no decía las indicaciones porque hubiera visto que uno de los alumnos necesitara cerrar más las costillas en ese momento. El instructor actúa así porque entiende que todo el alumnado debe hacerlo. A todos los vendrá bien que se lo recuerden.

Y es cierto, a todos los viene bien que, de vez en cuando, se les recuerde estas indicaciones de forma grupal. De vez en cuando. Pero, durante el resto de la clase las indicaciones deben ser lo más personalizadas posibles. Mientras el instructor corrige con sus manos a un alumno, corrige con su voz a otro alumno que está en la otra punta de la clase.

Por ejemplo

El instructor puede estar cerrando las costillas de una alumna mientras le indica con su voz a otro alumno que junte las piernas.

O, si es un entrenamiento personal, el instructor corregirá con sus manos mientras refuerza esa asistencia táctil con su voz.  Por ejemplo, le indica al alumno “cierra costillas” mientras coloca sus manos sobre las costillas del alumno en el momento que debe cerrarlas.

De esta forma, el alumnado sabrá que su instructor siempre:

  • Trabaja con alta concentración.
  • No les consentirá desalineaciones.
  • Les motivará a que ellos también estén atentos a la clase.

7. No asegurarse si las indicaciones se llevaban a cabo y pasar a la siguiente asistencia

Al igual que sucede durante la educación con niños, la mejor enseñanza es la que se imparte con el ejemplo. Un instructor atento tiene el “derecho” de pedir a sus alumnos que también estén atentos. De lo contrario, si el alumno está atento pero el instructor no, el alumno se desmotivará y dejará de estar alerta.

¿Para qué atender su postura si nadie le va a confirmar si es correcta o no? En realidad, es casi como hacer una clase de entrenamiento en casa siguiendo un vídeo, pues allí nadie le corrige.

El feedback

Las indicaciones que el instructor le indica a sus alumnos, son tremendamente importantes porque:

  • Mantiene la atención del profesor y del alumnado.
  • Motiva al profesor y al alumnado.
  • Aumenta la eficacia del entrenamiento. El alumno aprenderá a alinearse sin ayuda del instructor y conseguirá  mejorar su postura ya que no solo se alineará bien en clase, sino también en su día a día. El objetivo de las sesiones se obtendrá más rápido.
  • Fideliza al alumno. Se siente que está pagando un servicio personalizado donde el instructor está atento a su salud. Este hecho es un valor añadido a cualquier sesión de entrenamiento. Por eso los alumnos:
    • Entrenarán con ese instructor durante más tiempo.
    • Invitarán a sus conocidos a asistir a esas clases donde le tratan tan bien y cuidan de su salud.
  • Ayuda a diseñar un entrenamiento ajustado a las necesidades del alumnado.

8. Las asistencias verbales no van acompañadas de asistencias táctiles

Durante una sesión de Pilates se pide al alumno que ejecute movimientos y posiciones constantemente. Se hace de forma progresiva, amable y con un ritmo que permita al alumno afrontar el reto.

No se pretende agobiar a nadie indicando mil acciones a la vez.

Tampoco será una sesión eficaz si se dedica mucho tiempo a un solo concepto. Pilates es efectivo, entre otros motivos, por entrenar todo el cuerpo en una sola sesión.

Si se pretende ejecutar un movimiento a la perfección durante una hora solo se habrá movilizado una zona. Aunque sea la zona que más precise el alumno mover, debido a que el organismo utiliza cadenas musculares a la hora de contraer el tejido blando, es necesario mover todo el cuerpo en cada sesión para poder ayudar a alinear o sanar una zona corporal determinada.

Solución

Por tanto, el instructor hará comprender al alumno cómo “buscar” el movimiento o posición adecuado sin parar la sesión, sin parar el movimiento, porque lo importante no será ejecutarlo correctamente (eso ya llegará con la práctica). El instructor trabajará para que:

  • El alumno conozca su cuerpo y sus limitaciones.
  • Aprenda a buscar las posiciones y movimientos que le lleven, algún día, a ejecutar correctamente lo que se le pide.

Esto implica que el instructor dedique toda la hora a comunicar al alumno:

  • Lo que debe realizar.
  • El objetivo de lo que se le pide.
  • Cómo conseguir ese objetivo.
  • Cuidar los posibles fallos que sucederán mientras encuentra la posición o movimiento correcto (o lo más correcto posible).

Sí, el instructor pasa la hora hablando y hablando. Pero si no toca al alumno, sino utiliza sus manos para apoyar las palabras, el alumno sólo captará una pequeña parte de la información. De lo que capte el alumno, no todo será entendido como el instructor desea.

9. No indicar a la alumna qué sentir (el objetivo del ejercicio) ni cómo conseguirlo (oposiciones).

Los niños suelen motivarse durante el aprendizaje a través de juegos. Los adultos, además, necesitan saben el porqué de lo que hacen. Pilates no es más que un juego en donde el instructor reta al alumno a colocarse y moverse de determinadas formas sin que éste pierda la correcta alineación de las articulaciones. Tomarlo de esta forma evita en gran medida la frustración de no estar ejecutando correctamente lo que se pide.

En Pilates, el alumno nunca realizará lo que se le pide. Si llega a efectuar correctamente la acción, el instructor evolucionará el ejercicio para que le suponga un nuevo reto que permita avanzar tanto en cualidades físicas como psicomotrices. El alumno adulto aprenderá y avanzará, siempre y cuando conozca:

  • Para qué hace el ejercicio.
  • Cómo conseguir el objetivo del mismo.

Por ejemplo

Mientras el alumno ejecuta Hundred, el instructor le informará:

  • Del objetivo. “Debes sentir estiramiento cervical y dorsal, además de trabajo de fuerza en tu abdomen”.
  • Cómo conseguir ese objetivo. “Para ello, lleva la barbilla hacia el pecho, hundiendo el esternón durante la exhalación sin elevar la espina inferior de los omóplatos”.

El uso del lenguaje más o menos técnico depende de cómo educa el instructor a su alumno.

Desde el Instituto Nacional del Método Pilates, animamos a enseñar el nombre técnico de las zonas corporales y los movimientos pues:

  • Influye en la evolución de las cualidades psicomotrices del alumno.
  • Facilitar la comunicación entre instructor y alumnado.

10. Si el alumno no hace lo que quieres, coloca con sus manos al alumno 

Así, ni Lola aprendía cómo colocarse ni cómo moverse ni sus músculos se ejercitaban ni se fortalecían ni flexibilizaban. Realmente era Pilar quien estaba “entrenando” pues era su cuerpo quien hacía los esfuerzos, no el cuerpo de su alumna.

Por supuesto, no indico el caso en el que el instructor se coloca de modelo frente al alumnado y, ni lo toca ni le indica. Esto queda fuera y lejos de toda acción de enseñanza.

Solución

En el caso de tener que enseñar al alumnado un nuevo ejercicio complejo donde el instructor sepa que es necesario utilizar unos minutos a su explicación:

  • Indicar el ejercicio sobre un alumno.
  • El resto de los alumnos observan cómo el instructor coloca al modelo.
  • Enfatiza en las precauciones a tomar durante el ejercicio.

De esta forma, todo el alumnado tendrá una imagen de cómo ejecutar el movimiento o posición correctamente. Si en lugar de esto, es el instructor quien utiliza su cuerpo como modelo, nadie le corregirá y los alumnos pueden imitar una posición mal ejecutada.

Conclusiones finales

En definitiva, al finalizar esa sesión, Lola no estaba mejorando su condición física, ni emocional ni cognitiva. No olvidemos que el empeño del instructor de Pilates por mantener al alumno consciente de su posición, respiración y movimiento durante toda la clase, ejerce un efecto Mindfulness (Atención Plena) que consigue mejorar:

  • La concentración.
  • La atención.
  • Aliviar estados de estrés y ansiedad.

Una buena clase de Pilates no solo implica moverse

El instructor debe atender los parámetros descritos en este texto para asegurarse que su alumno siente el trabajo deseado (flexibilidad, fuerza concéntrica, isométrica o excéntrica) de las zonas corporales que se activen en el ejercicio para mejorar:

  • Su alienación según:
    • Morfotipo el alumno (que sentirá unas zonas u otras al ejecutar el mismo ejercicio).
    • Condición física.
    • Salud en general.

Es por ello que la virtud más importante del instructor es el cariño por su alumno:

  • Cuidarlo como si fuera lo más precioso que tiene en tu vida durante esa hora de entrenamiento.
  • Preocuparte por hacerle comprender los ejercicios.
  • Facilitar la comunicación con el objetivo de hacerle sentir bien consigo mismo.

 

 

 

 

 

Autor/a Isabel Rizo

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